Ponencia de la Prof. Ester Fecci en la Inauguración de la III Feria Laboral UACh




El día día martes 30 de noviembre, la docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Prof. Ester Fecci Pérez, inauguró con un crítico discurso la III Feria Laboral de la Universidad Austral de Chile.

A continuación, presentamos la reflexión de la académica: 

En primer lugar, quiero partir saludando a los impulsores de esta Tercera Feria Laboral, y destacar el importante trabajo que realiza la Unidad de Vinculación con los Egresados, labor central de una Universidad con vocación pública y compromiso con su entorno.

Junto con ello, saludar a los y las estudiantes, directoras y directores de escuela, funcionarios y funcionarias, profesores y profesoras, empresarios, empresarias, y actores del mundo público y privado de nuestra región.

A las autoridades que nos acompañan.

Además, también quiero agradecer al equipo del Observatorio Laboral de FACEA quienes han sido parte fundamental de la información estadística que en esta exposición les compartiré.

TRAYECTORIA Y CONTEXTO DE CAMBIO

Me han solicitado para el día de hoy, compartir con ustedes reflexiones vinculadas al contexto económico regional y global, y los desafíos que este plantea a los nuevos trabajadores y trabajadoras, como a la formación de estudiantes, y junto con ello poder abordar aspectos relativos a la innovación, creatividad y emprendimiento, para reflexionar sobre el rol de las universidades en el ámbito productivo e institucional.

Y mientras pensaba en como desarrollar y presentarles el acumulado de reflexiones y experiencias colectivas, que a lo largo de un intenso trabajo hemos desarrollado en la Universidad, Facultad, Centro de Emprendizaje y   Observatorio Laboral, u el hermoso proyecto Fondef con adultos mayores, no podía dejar de pensar en mi propia trayectoria personal y familiar.  Y los quiero invitar a hacer un ejercicio juntos y juntas.

Les pido que reflexionen conmigo, y hagamos un ejercicio de memoria. ¿En qué trabajaron o trabajan sus padres y madres?  ¿En qué trabajaron sus abuelos y abuelas? Alguno aquí presente, recuerda o sabe en qué trabajaron sus bisabuelos.

Con algunas excepciones, si hiciéramos una línea de tiempo uniendo todas nuestras trayectorias familiares, veríamos, por una parte, que la vida agrícola, campesina, fue parte reciente de nuestras historias familiares.

Fue en la década de los 40´ cuando por primera vez en nuestro país la población urbana superó a la población rural por unos pequeños puntos porcentuales. Hoy la población urbana supera el 85% del total de los habitantes de Chile, y es la vida en ciudades la que caracteriza esta época. Esto sin duda nos hace reflexionar sobre muchos aspectos ¿Cómo abordamos el desafío de la soberanía alimentaria, el cambio climático, la productividad agrícola con los campos vacíos y sin oportunidades? ¿Cómo proyectamos una vinculación con la tierra, o incluso una diferenciación productiva con valor agregado a nuestros territorios si no los estamos habitando? ¿Será posible o no, pensar en un retorno al campo? De manera distinta, nueva, innovadora, pero un retorno, al fin y al cabo. ¿Qué queremos para las nuevas generaciones? ¿Cuál es el compromiso que asume la Universidad, con sus propuestas curriculares y formación profesional ante este desafío? Considerando, además, que somos una región con niveles de ruralidad por sobre la media nacional, y con comunas que se caracterizan aún, por la vida y producción agrícola y ganadera. ¿Cómo los actores públicos y privados se involucran en ello?

Y no lo digo desde la nostalgia del mundo del campo -que tuvo expresiones de precariedad y abuso inmensurables-, no lo digo con la mirada puesta en el pasado, sino que en el futuro. ¿Es sostenible nuestra vida en este planeta sin una resignificación responsable de la producción campesina?

Sigamos con nuestras trayectorias. Junto con la presencia de vida campesina, es probable que todos y todas aquí presentes hayan recordado que sus madres o abuelas y bisabuelas hayan sido fundamentalmente “dueñas de casa”. Trabajadoras dentro de sus hogares, en este trabajo silente y no reconocido -menos remunerado- que por siglos las mujeres han llevado a cuesta.

La participación femenina en el trabajo no doméstico se incrementó en la segunda mitad de siglo XX de manera sustancial, cambiando la fisonomía del mercado del trabajo y también de las propias universidades. En 1990 un 29% de las mujeres participaba del mercado del trabajo remunerado en Chile, el año 2015 un 43%. Lejos estamos ya de los avatares que tuvieron que enfrentar Eloísa Diaz -primera mujer en estudiar en una universidad en nuestro país- o Amanda Labarca, a quienes el “permiso de estudiar” se concedió como derecho de las mujeres a formarse para criar mejor a los hijos.  Las mujeres de las nuevas generaciones heredan un mundo mejor, pero no por eso justo e igualitario. La tasa de desempleo es mayor en las mujeres que en los hombres, somos casi las únicas que integramos la categoría de “trabajos domésticos” siendo un 97% realizado por mujeres, y el 60,9% de los empleos femeninos creados en los últimos años en Chile está en la informalidad laboral, siendo la brecha salarial entre hombres y mujeres de un 17,2%. Los proyectos Fosis, capitales semilla e impulsos vinculados al emprendimiento, son fundamentalmente mujeres las que lo desarrollan, muchas con grandes éxitos, pero también y de manera preocupante, las cifras de autoempleo en realidad terminan escondiendo la precarización del trabajo de mujeres que en el mundo doméstico además gestionan ingresos irregulares y sin seguridad social. El uso del tiempo es también desigual. En promedio, las mujeres trabajan 1 hora y media más que los hombres diariamente, y mientras los hombres dedican aproximadamente 2,7 horas al día a trabajos no remunerados, las mujeres le dedican en promedio 6 horas diarias.

¿Cómo la Universidad, sus egresados y los actores públicos y privados se involucran para hacer frente a estas desigualdades y tomar oportunidades de ello? Les entrego un dato adicional al respecto. Las matriculas en la educación superior también nos muestran desigualdades. En los países OCDE en el año 2015, solo un 19% de las matrículas en ingeniería, industria y construcción fueron mujeres, en ciencias igualmente solo un 22%. En cambio, en salud y servicios sociales y educación, la matricula femenina supera el 70%.

Finalmente, los invito a la última revisión de nuestras trayectorias. Es probable que muchos aquí tengan en su familia los oficios o trabajos industriales que marcaron la vida de los padres, abuelos o bisabuelos. Incorporaciones a grandes industrias o sectores laborales a los cuales entraron y salieron al terminar su edad laboral. Les cuento y comparto mi propia historia: En un año y medio más dejaré de trabajar en esta Universidad, y formaré parte de la cada vez más grande población de jubilados y jubiladas -con lo desafiante y también difícil que esto es en nuestra sociedad actual.

Mi trabajo más estable y duradero fue este, en la Universidad Austral de Chile donde llegué en el año 1982, y me he desenvuelto en diversas labores por ya 36 años. ¿Cuántos de los nuevos profesionales que están hoy entrando al mercado laboral tendrán ese nivel de estabilidad? ¿Cuántos verán envejecer a sus colegas y crecer a las instituciones de la que son parte? Y ojo, no hago un juicio de valor, puede ser positivo, negativo o simplemente distinto. Pero sin duda alguna es un cambio.

Hoy la flexibilidad laboral es una nueva realidad del mercado del trabajo. El cambio vivido estas últimas décadas en la organización de la producción y el trabajo es de gran envergadura. El paso del conocido modelo Fordista al Toyotista marca una nueva época, y sin duda alguna, una nueva fisonomía del mundo laboral. De producciones masivas, especializadas y con cadenas de montaje con integración vertical de la producción, pasamos a nivel global a una integración horizontal de las cadenas de montaje, cadena global y muchas veces invisible, con una flexibilidad laboral y polivalencia funcional que marca el tipo de trabajo a desarrollar.

Los millennias, tan caricaturizados por su uso de redes sociales y nuevas formas de relacionarse, en realidad reflejan un fenómeno complejo a nivel mundial. En términos agregados son la primera generación en el mundo que no está necesariamente mejor económicamente que sus padres.

¿Y cómo nos estamos preparando para la nueva época?, si a estos cambios además le sumamos la automatización y robotización de múltiples procesos productivos, de los más simples que ya estamos vivenciando como el cambio de personas por máquinas en los puntos de cobro en cajas, peajes y estacionamientos, a complejos soffware que reemplazan labores de alta complejidad técnica en la producción minera, investigación, o en la medicina.

Con este ejercicio quería que juntos evidenciáramos que estamos viviendo procesos de cambio, donde nuestra mirada debe estar puesta en cómo queremos que sea el resultado de todo esto.

Cuando nos invitamos y disponemos a reflexionar sobre el mercado del trabajo y los desafíos que este nos presenta, no podemos sino partir reflexionando sobre el contexto en el cuál estamos inmersos. Cambios productivos profundos tanto en su estructura, como en los flujos de demanda y oferta globales, cambios tecnológicos de gran envergadura que podrían o bien ser una oportunidad para aumentar el tiempo de ocio, el tiempo libre y recreativo, y disminuir así las jornadas laborales sin dañar con ello las condiciones de vida, o bien puede ser el desastre para el mundo del trabajo, para el empleo, y para la calidad de vida de grandes mayorías. A nivel socioambiental estamos también atravesando procesos de intensos desafíos, el cambio climático lejos ya está de ser ese mito apocalíptico, y se ha transformado en una realidad urgente que requiere de políticas públicas efectivas, no sólo por la naturaleza y su belleza, sino que por nuestra supervivencia y del planeta. A nivel político también, el preocupante surgimiento de discursos de odio, ante un planeta cada vez más globalizado es amenazante. ¿Cómo aportamos desde aquí, atendiendo en consecuencia al sello de egreso de los estudiantes de la Universidad Austral de Chile siendo estos la Responsabilidad social, ambiental, respeto por la diversidad con excelencia, libertad y calidad, a que estos discursos de odio no proliferen?

¿Cómo construimos un mercado del trabajo igualitario y justo, sin discriminaciones para la población migrante, para la población con necesidades especiales, para las diversidades sexuales, para las mujeres, en definitiva, para todas y todos?

Estamos en un contexto de la sociedad global y del mercado flexible. Una sociedad donde los porcentajes mayoritarios a nivel poblacional o están sin dinero -recordemos las duras cifras que nos señalan que el 69,7% de la población en Chile gana menos de 500.000 mensuales[5]-, o bien están sin tiempo, donde sólo extenuantes horas laborales, sacrificando tiempo de descanso, creatividad, ocio, familia o redes, son las que permiten lograr un estándar económico deseado.

Pero con esto, no quiero plantear ni dejar espacio a la sensación que todo tiempo anterior fue mejor, o un aire de fatalismo que nos coarte toda posibilidad académica, institucional, productiva o de innovación que valga la pena desarrollar para aportar al futuro. Quiero que nos quedemos con la atención puesta en desafíos posibles que se derivan de esto, para construir un futuro mejor. El rol de la Universidad y de sus egresados es en definitiva ese. Al final del día, el sentido de la formación universitaria es contribuir a una mejor sociedad donde hombres y mujeres, pongan sus capacidades a disposición de ello.

MERCADO LABORAL REGIONAL

Con la mirada puesta en las reflexiones anteriormente planteadas, quiero que miremos algunos datos pertinentes de nuestra región. Frente a esto, los elementos que me gustaría destacar son tres: a) La relación de la productividad y los desafíos en la descentralización económica, b) Las fuentes laborales y la fisonomía del mercado del trabajo regional y c) El emprendimiento, la innovación y el cooperativismo en la región.

  • Sobre el primer aspecto, productividad y desafíos de la descentralización económica, es importante no olvidar el hecho que cuando estamos hablando del mercado laboral desde una región nos estamos situando ante una debilidad estructural en la distribución de competitividad y oportunidades. Nuestro país es uno de los más centralizados de América Latina y la OCDE, y la concentración poblacional, productiva y por ende del empleo, golpea permanentemente a las regiones. Los Ríos representa un 1,5% del PIB nacional, y si miramos nuestra posición en base al índice de Competitividad Regional (ICORE), podemos constatar que la Región Metropolitana siempre ha ocupado el primer lugar -es decir la región con mayores niveles de competitividad-, y que Los Ríos, a fluctuado entre el noveno y décimo lugar entre el total de las regiones, superando en la zona sur sólo a La Araucanía que se encuentra en el último lugar. La fuerza laboral de la Región está compuesta por alrededor de 200.000 personas en promedio durante el año 2017, correspondiendo el 2,3% de la fuerza laboral a nivel País que es de casi nueve millones de personas.

Del PIB regional, el 22% corresponde a la industria manufacturera, el 17% a servicios sociales y personales y el 12% al sector silvoagropecuario y pesca. El comercio, hoteles y restaurantes representa el 9% del PIB regional y la administración pública el 8%.

Tenemos una dificultad en lograr que los egresados encuentren sus oportunidades laborales deseadas en esta región, sin duda el que puedan migrar a otras regiones y países es una gran oportunidad y deseamos también que eso así suceda, pero a la vez que buscan nuevas experiencias y conocimientos, queremos que también otros profesionales de otras latitudes busquen y encuentren aquí también un espacio donde desarrollarse laboral y profesionalmente. Pero es dificultoso. Y por ello, aquí un desafío que consideramos fundamental. Descentralizar económicamente el país. No sólo necesitamos una descentralización de la inversión pública, sino que por, sobre todo, necesitamos una descentralización de los polos productivos y las capacidades competitivas, y en eso los egresados, la universidad y los actores públicos y privados regionales son claves. Nos debemos proponer ser pioneros en la creación de espacios productivos nuevos. Es por eso que hemos asumido dentro del centro de emprendizaje por ejemplo, la promoción de emprendimientos e innovaciones con pertinencia territorial, con sentido regional, con arraigo cultural.

  • Miremos el segundo aspecto que les mencionaba: las fuentes laborales y la fisonomía del mercado del trabajo en nuestra región. Compartiré con ustedes algunos interesantes datos cualitativos y cuantitativos que ha estado trabajando el equipo del Observatorio Laboral.

En Los Ríos el sector que más aporta a la composición de la ocupación regional es el de Servicios Sociales y Personales que incluye salud, educación y servicios recreativos, siendo este de un 24%. El comercio, restaurantes y hoteles explica el 19% de las ocupaciones, un 15% corresponde al sector silvoagropecuario y pesca, y finalmente -pese a ser el sector que más aporta al PIB regional- la industria manufacturera aporta con el 12% del empleo. La construcción con el 9%.

El promedio en el período 2010-2018 de la tasa de desempleo alcanzó la cifra de 5,7% a nivel regional, mientras que a nivel nacional es de un 6,7%, además, existe un componente de estacionalidad siendo, por lo general, mayor el número de ocupados en el primer trimestre de cada año.

En los dos subsectores donde hay más mujeres que hombres es en el de hoteles y restaurantes siendo 65,2% de las ocupadas mujeres, y el de servicios sociales y personales siendo estas un 68,2% de total. Por su parte los sectores más masculinizados son el silvoagropecuario y pesca, manufacturero y construcción. La escolaridad promedio de los ocupados por los sectores priorizados es de 12 años, a excepción del de servicios sociales y personales que es de 13. Es en el subsector del comercio donde los ocupados por cuenta propia aumentan, llegando al 32% del total. En todos los otros rubros es el trabajo asalariado el que está por sobre el 50% del total de los trabajadores y trabajadoras.

En relación con los jóvenes, elemento que nos debe preocupar en el contexto de esta feria laboral, la tasa de desempleo el año 2017 en personas entre 18 y 29 años, fue de un 9,5% 3,2 puntos porcentuales superior a la tasa de desempleo global.

En relación con la formación y estudios, tanto a nivel regional como nacional ha ido en aumento la proporción de la fuerza de trabajo joven con educación superior, alcanzando en el último año un 20,2% y un 25,4% respectivamente, estando Los Ríos por debajo de la media nacional. Es importante llamar la atención, en el hecho que para el año 2017 la tasa de desempleo en jóvenes con educación superior fue de un 10,4%, por sobre la tasa de jóvenes desempleados con educación media o menos, que para el mismo año fue de 9,3%.

Estos datos, que los hemos seleccionado para hacer un breve retrato o esbozo de la realidad del empleo o, mejor dicho, del mercado del trabajo en nuestra región, nos debe plantear desafíos a los que estamos aquí presentes. La generación de empleo para jóvenes, o más bien, el impulso de nuevas cadenas y circuitos económicos, que nos permitan aprovechar las competencias profesionales jóvenes para generar un desarrollo equitativo, con economías solidarias y una descentralización efectiva a nivel territorial es fundamental, y estoy convencida, además, que uno de los nuevos sellos que la Universidad Austral en alianza con sus egresados, debe tener para enfrentar y aportar al futuro.

  • Como tercer elemento, les señalé que abordaría algunos tópicos en relación con la innovación, emprendimiento y cooperativismos. Frente a ello, en primer lugar, como un elemento distintivo a nivel regional cabe destacar que como ha señalado Innovacop, somos una de las regiones donde en términos proporcionales más cooperativas existen en el territorio, y junto con ello, una de las pocas regiones que cuenta con una política regional de innovación y emprendimiento. El entorno científico es fértil, teniendo según lo indica la Subdere, la mejor tasa de producción científica a nivel nacional, no obstante, hemos tenido profundas dificultades de traducir esas producciones científicas en conocimiento con valor social y económico para el territorio. En relación con la tasa de innovación en la encuesta de I+D del Ministerio de Economía, pudimos ver una disminución en nuestra región, pese a que la productividad científica aumentaba.

El mercado global requiere de innovaciones, no sólo para una mayor generación de valor económico y por tanto crecimiento o ganancias, sino que, para alcanzar nuevas formas de asociatividad que permitan construir un modelo de desarrollo sustentable, justo y solidario. En ello, los centros generadores de conocimiento son fundamentales, y debemos ser principales aliados en las creaciones innovativas. Las cadenas de innovación tienen como primer paso, o momento, la generación de conocimiento, para poder posterior a ello,  con creatividad y ampliación de perspectivas, poner en valor el conocimiento generado mediante la vinculación entre los procesos generativos de conocimiento y los tejidos empresariales del territorio, con ello la transformación de la innovación en un nuevo proceso, relación, necesidad, solución o producto y la instalación de este como una realidad social usable/deseable en el entorno,  nos permite en definitiva poder afirmar que estamos innovando.

Este proceso debe poner a las personas y sus necesidades en el centro. Y aquí me quiero detener un segundo, me siento feliz y orgullosa de haber sido parte junto a maravillosas personas como Maria del Valle, de la gestación del magister en desarrollo a escala humana de nuetsra universidad, en el buscamos aportar nuevas perspectivas a nuestros egresados e investigadores, para que generaran un impacto en la forma en que nos desenvolvemos y entendemos el mercado. Cuestionar el crecimiento permanente e infinito, y mirar con nuevas perspectivas las relaciones comerciales y los satisfactores que hemos ido aceptando para nuestras necesidades, es algo que nos parece sustancial. Desde el Centro de Emprendizaje por su parte, -espacio que une dos potentes flujos donde el emprender y el aprender se unen, donde el pensar y el hacer con otros se hace uno- hemos conocido valiosos  ejemplo en nuestra relación con el MIT, donde experiencias de economías solidarias, democráticas, donde el trueque o las monedas locales se toman la agenda de los desarrollos con pertinencia social, son experiencias no sólo anecdóticas, sino que a nuestro entender, necesarias y urgentes para un futuro mejor. Creemos que, y en base a nuestra experiencia donde hemos trabajado con cientos de emprendedores regionales, más de 400 mujeres emprendedoras de Los Ríos, ahí, junto con muchas frustraciones también, hay por sobre todo esfuerzo, ganas, esperanza y el desarrollo de grandes potencialidades que logran integrar la afectividad, los oficios y los negocios, creo que aquí hay algo que debemos atender más y mejor, es una tarea que debemos asumir los aquí presentes, la universidad y la región. Hay espacio para desarrollar integralmente nuestro territorio, está en la gente esa semilla, y está creciendo.

HACIA DONDE VAMOS. Nuestro fascinante futuro

Habiendo ya pasado más de la mitad de mi vida en esta Universidad me pregunto ¿Cuánta de la producción investigativa ponemos al servicio del desarrollo inclusivo a nivel local? ¿Cuántas publicaciones además nos vinculan con el medio? O aún más categórica ¿Cómo valoramos la vinculación, la intervención social con pertinencia local, colaborativa y generadora de nuevos circuitos de valor? Lo pregunto y nos interpelo como centro universitario, pero también lo planteo como algo pertinente a reflexionar con egresados, egresadas y actores públicos y privados aquí presentes.

Debemos ver más estudiantes involucrados en el interés del desarrollo del territorio, en base a los principios de la colaboración y compromiso. La formación profesional, nuestros currículos y perfiles de egreso, deben tener un sello de compromiso activo, de involucramiento e intervención social. Y que eso se vea reflejado en el desarrollo laboral de cada uno de ustedes y sus empleadores. Es tan significativa la interrelación entre las diversas carreras, la interdisciplina, el diálogo, la colaboración por sobre la competencia.

La complejidad del mundo actual, lo desafiante y, a veces -es cierto- lo duro y mezquino, requiere que nos articulemos, que generemos redes de apoyo donde se respete el saber del otro, porque además ¿saben qué?, esto no sólo les permitirá alcanzar sus metas, sino que por sobre todo les dará pertenencia en vez de ausencia, les dará compañía en vez de soledad, les dará felicidad, más que mero éxito.

Una nueva fisonomía del mercado laboral, y los nuevos desafíos de la economía mundial, nacional y local, creo que nos empujan a necesariamente mirar proyectos colaborativos regenerativos, con un profundo fortalecimiento del campo social, como un camino urgente, necesario, pero además, y créanme esto, fascinante y lleno de satisfacciones.

He querido aquí compartirles algunas de las características del mercado laboral regional y sus cambios, pero por sobre todo y para ser honesta, he buscado dejar una pequeña semilla, que espero también, sea una gran plantación dentro de nuestras aulas, estudios, y en sus espacios laborales actuales y futuros. A los cambios debemos responderles con creatividad, ya que la historia ha dejado claro que, si a los cambios les respondemos con un inmovilismo que nos deja simplemente llevar por la corriente, los finales no son muy felices. En sus manos, egresados, empleadores, empresarios, formadores, personas todas. En nuestras manos, está la posibilidad de hacer que el mercado laboral sea un espacio de realización no sólo personal, sino que colectiva, y que al final del día, a través del trabajo estemos conquistando la felicidad para uno, y construyendo un mejor país para todos.